El cerebro que organiza, planea y se autorregula




A veces damos por sentado que todos los estudiantes pueden seguir instrucciones, cumplir tiempos, controlar sus emociones o concentrarse por largos períodos. Pero he aprendido que no todos los cerebros funcionan igual, y que detrás de esas habilidades están lo que se conoce como funciones ejecutivas: un conjunto de procesos mentales que nos ayudan a planear, organizar, recordar, regular impulsos y tomar decisiones.

Estas funciones ocurren principalmente en el lóbulos frontales del cerebro, que continúan desarrollándose hasta bien entrada la juventud. Eso significa que muchos niños y adolescentes aún están formando esas habilidades, y que otros, especialmente quienes tienen condiciones como TDAH, dislexia o autismo, pueden necesitar más apoyo para lograrlas.

He notado que cuando un estudiante se distrae fácilmente, no termina sus tareas o tiene dificultades para seguir una secuencia, no siempre es falta de interés o de esfuerzo, sino que puede estar relacionado con sus funciones ejecutivas. Y entender esto cambia completamente mi forma de enseñar.

Desde la neurociencia, se sabe que estas funciones se pueden estimular, fortalecer y acompañar, pero para eso es fundamental que el aula ofrezca rutinas claras, apoyos visuales, tiempos flexibles y espacios donde el error no sea castigado, sino comprendido.

Creo que educar también implica reconocer cuándo un estudiante necesita ayuda para organizarse, no solo para aprender contenidos, sino para aprender a aprender. Y eso requiere empatía, paciencia y herramientas prácticas.


“Organizar la mente también se enseña. Con empatía, se fortalece.”